En la cumbre climática COP30, celebrada en Belém (Brasil), los países acordaron triplicar los fondos globales destinados a la adaptación climática, alcanzando una cifra de 120.000 millones de dólares anuales. Este aumento se aplicará de forma progresiva hasta 2035, y fue bien recibido por organizaciones ambientales que consideran que facilitará la transición ecológica de los países más vulnerables.
Aun así, el acuerdo dejó un sabor agridulce. No se logró aprobar una hoja de ruta vinculante para reducir gradualmente los combustibles fósiles. Países productores de petróleo bloquearon la propuesta, lo que generó críticas entre activistas y delegaciones más ambiciosas.